Períbolo
Función religiosa y significado En la religión griega y romana, el períbolo formaba parte del témenos, es decir, del terreno sagrado perteneciente a la divinidad, que incluía no sólo el templo principal sino también el espacio abierto que lo rodeaba, los altares, las fuentes, los árboles y las estatuas votivas. El muro del períbolo —a veces simplemente una cerca de piedra, estacas o cipos con inscripciones— funcionaba como límite jurídico y simbólico: lo que quedaba dentro estaba consagrado al dios y sometido a normas específicas de pureza y uso; lo que quedaba fuera pertenecía al espacio ordinario de la ciudad o del campo. Entrar en el períbolo implicaba ya un primer grado de separación del mundo profano, aunque todavía no se hubiera accedido al interior del templo, del mismo modo que el atrio o el nártex en una iglesia cristiana posterior funcionan como zonas de transición.
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